Hay pueblos en Mallorca que llevan décadas en las guías turísticas y los hay que están al margen de estas rutas, pero que no tienen nada que envidiarles. Uno de ellos es Artà, una urbe que está al noroeste de la isla, en la comarca del Llevant.

¿Qué no le falta? Historia, un casco antiguo con mucho carácter, calas y playas y, como colofón, tiene una de las cuevas más espectaculares de Mallorca.

Entonces, ¿por qué no es tan turística como Valldemossa o Sóller? No lo sabemos, pero lo que sí tenemos claro es que vamos a seguir dándote razones para venir a visitar Artà en Mallorca.

ÍNDICE

Aprende un poco sobre Artà a través de su historia

Artà proviene del árabe yartan, que significa jardín. Pero la historia de este municipio empieza antes de que los árabes pisaran estas tierras.

Los restos arqueológicos de la zona demuestran que esta área estaba habitada hace más de 3.000 años. Una prueba es el yacimiento de Ses Païsses; está a pocos kilómetros del centro y es uno de los más importantes de las Baleares.

Cuenta con unas murallas de piedra perfectamente conservadas que protegían unas 60 viviendas. Fue excavado en los años 60 por el arqueólogo italiano Giovanni Lilliu y hoy es visitable —¡una de las cosas que hay que hacer en Artà sí o sí!—.

Después vinieron los romanos, luego los árabes y en el siglo XIII la conquista cristiana de Jaime I, que cambió el trazado del pueblo pero que aún conserva vestigios de todas estas etapas.

Qué ver en el centro histórico de Artà

El centro histórico de Artà hay que recorrerlo a pie. La calle principal es el Carrer Ciutat, una vía peatonal desde la que se ve, al fondo, el Santuario de Sant Salvador, donde se monta el mercado semanal —del que hablaremos después— y donde se concentran la mayoría de los bares, restaurantes y tiendas del pueblo.

Empezar por aquí está mejor que bien, ¡pero hay más!

Santuario de Sant Salvador

Subir hasta el Santuario de Sant Salvador es algo que no puedes perderte a tu paso por Artà. Está a 182 metros de altura y desde lo alto se ve todo el núcleo urbano, así como la Sierra de Llevant y el Mediterráneo.

Puedes conocer su interior y su pequeño museo totalmente gratis de 8:00 a 18:00 h.

Y ojo, que este santuario tiene una historia enrevesada: fue quemado por los propios habitantes del pueblo y sobre sus restos se construyó el edificio actual. ¿Por qué? Lo mejor es que preguntes en el pueblo, a ver qué te cuenta cada uno; hay más de una teoría, aunque la mayoría cuenta que fue para frenar la epidemia de peste negra, ya que el Santuari de Sant Salvador había sido utilizado como hospital provisional.

Coves d'Artà

Las Coves d’Artà están, técnicamente, en el municipio de Capdepera —son uno de los flecos de una antigua división administrativa que no ha quedado del todo clara—. Bueno, el caso es que se conocen como Cuevas de Artà y están a unos 15 kilómetros del pueblo. Sirvieron como refugio de piratas y como santuario para los combatientes del ejército moro en el siglo XIII. Están situadas a unos 50 metros sobre el nivel del mar, en el Cap Vermell, y como entrada tienen una boca enorme de roca.

Una vez dentro de estas cavidades —¡unas de las mejores cuevas de Mallorca!—, el recorrido guiado dura entre 35 y 40 minutos y cubre unos 700 metros de galerías y salas —el Infierno, el Purgatorio, el Teatro y el Órgano y la sala de Banderas— en las que te vas a encontrar estalagmitas de hasta 22 metros de altura.

La temperatura aquí es de 18°C y la humedad de un 80%, así que si vas en verano, llévate un jersey o chaqueta.

Son mucho menos conocidas que las Cuevas del Drach, por lo que las visita menos gente y por lo tanto son más tranquilas. Abren todo el año y la entrada no llega a los 15 €.

Museo Regional de Artà

Dentro del casco antiguo también está el Museo Regional de Artà, que cuenta con una colección de restos arqueológicos y piezas etnográficas que te van a ayudar a entender por qué el municipio es como es.

Casa de Ca'n Cardaix

Y como en toda visita que se precie a un municipio, vas a pasarte por la plaza de su ayuntamiento, ¿verdad? Pues entonces aprovecha para conocer la historia de la Casa de Ca’n Cardaix, que data del siglo XVI y está al lado de la casa consistorial.

Esta construcción es uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura tradicional mallorquina; tiene portal de marés, ventanas enrejadas, una ventana renacentista con motivos vegetales y un jardín precioso que podrás ver porque funciona como explanada de un restaurante.

Playas, calas y espacios naturales que no puedes obviar de Artà

Artà no tiene costa propia, pero el Parque Natural de la Península de Llevant está muy cerca, con lo cual, si vienes a conocer el pueblo vas a poder disfrutar de más de 1.600 hectáreas de territorio protegido y de hasta catorce rutas de senderismo diferentes. Las más populares son las que terminan en playa: la de s’Arenalet des Verger es una de las calas más bonitas de Mallorca.

Y de camino, pásate por la Ermita de Betlem, un templo del siglo XIX en plena sierra que merece la pena visitar, con un entorno de lo más tranquilo y unas vistas que se disfrutan especialmente si la visitas a primera hora de la mañana, antes de que apriete el calor.

¿Más arenales? Cala Mesquida y Cala Ratjada, playas de referencia de la zona, están a menos de 20 minutos en coche. Cala Mesquida es más salvaje, con dunas y sin apenas edificaciones, y Cala Ratjada tiene un puerto, paseo marítimo y más opciones de ocio.

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La gastronomía mallorquina tampoco falta por aquí

Artà tiene uno de los pocos mercados que se celebran de manera tradicional en toda la isla. Cada martes, de 9:00 a 14:00 h, la calle principal se llena de puestos con comida típica mallorquina, artesanía de la zona elaborada con palmito —capazos, sombreros y bolsos—, textiles, artículos de piel, frutas y verduras de huertos cercanos.

Y algo que tienes que probar sí o sí son las hierbas dulces Moyà, un licor de anís con hierbas típicas mallorquinas, y las galletas saladas ARTÀsanes; ambos productos se elaboran aquí, ¡en Artà!

¿Buscas sitio para comer? Cualquier restaurante o bar de Artà te va a ofrecer una carta completa con productos típicos, pero sin duda tienes que acercarte a desayunar a Café Parisien, un local de estilo bohemio y vintage con terraza ajardinada interior.

Y para comer o cenar están muy bien el Restaurant Sa Gripia y Ca’n Jaume; pídete arròs brut, el tumbet —patatas, berenjenas y pimientos en salsa de tomate—, las panades de carne o pescado y, si la temporada acompaña, sobrasada y ensaimadas.

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