Mallorca tiene una colina de apenas 317 metros desde la que se ve prácticamente toda la isla. Sabemos que parece imposible, pero así es.
Tras la subida —que también te vamos a contar cómo es— vas a toparte con una ermita sencilla, blanca, con vistas a todo el Pla de Mallorca y a la Serra de Tramuntana. Se llama Ermita de Bonany y, si estás o te alojas cerca, tienes que venir a visitarla.
Y para ir abriendo boca, te vamos a resumir su historia, a contar cómo llegar, qué vistas te vas a encontrar y qué más puedes hacer en los alrededores.
Historia y origen de la ermita de Bonany
La leyenda de este santuario es bonita, muy bonita y tierna. En 1609, los vecinos de Petra subieron a este monte a rezar, después de años de sequía muy duros para las cosechas necesitaban que lloviese. Y tras esas plegarias… ¡llovió!
Aquel año que pintaba muy mal para la cosecha, de repente, fue un «bon any» —un buen año, en mallorquín—. De ahí proviene el nombre que lleva este lugar desde entonces.
Poco después levantaron una capilla para honrar una talla de la Virgen que, según cuentan, llevaba escondida desde la época islámica hasta que la encontró un pastor en la misma colina.
Y ojo, que la Ermita de Bonany no solo es querida por la leyenda sobre la lluvia que le da nombre, sino que también fue la encargada de despedir a fray Junípero Serra —un franciscano nacido en Petra en 1713 que cruzó el Atlántico para fundar nueve misiones en California y que acabaría canonizado como santo en 2015— antes de embarcar hacia México. Desde allí acabaría fundando las misiones que dieron origen a ciudades como San Francisco o Los Ángeles.
Cómo es la ermita de Bonany
La primera ermita que se ubicó en el Puig de Bonany data del S.XVII y ya no existe. Un rayo destruyó el templo barroco original, que acabó siendo derribado en 1919.
Sobre sus restos se levantó, entre 1920 y 1925, el edificio que puedes visitar ahora. Es de estilo neobarroco, con planta de cruz latina, una sola nave y bóveda de cañón.
Por fuera, la fachada conserva un frontón curvo con el escudo de Petra, flanqueado por dos torres, y dentro te vas a topar con una nave única y sobria y con un altar, donde se guarda la talla de madera policromada de la Virgen de Bonany.
Cómo llegar a Bonany
Desde Palma tienes unos 50 kilómetros por delante, así que cuenta con casi una hora de trayecto en coche. Coge la Ma-15 hacia Manacor y, antes de llegar, desvíate hacia Petra por la Ma-3320. Desde el pueblo, tendrás que tomar una carreterita local para subir hasta la explanada de la Ermita de Bonany. Son unos dos kilómetros.
¿Y sin coche? La subida al santuario también puedes hacerla andando: hay rutas desde Petra, desde Vilafranca de Bonany y desde Sant Joan, las tres bastante asequibles y de un par de horas ida y vuelta como mucho. O, si prefieres no caminar, coge el autobús: las líneas 401 y 417 paran cerca de la ermita.
Así es la subida a pie hasta la ermita
La ruta más popular sale de Petra y son unos siete kilómetros —ida y vuelta—, con un desnivel que no llega a los 220 metros. Nada que exija entrenamiento previo. Cuenta con unas dos horas y media de recorrido y con varios tramos llanos entre fincas de secano —que pasan por almendros, algarrobos y también por algún molino de viento tradicional— intercalados con otros que se adentran en el pinar que cubre buena parte del Puig de Bonany.
Está bien señalizada, así que no hace falta más que calzado cómodo y muchas ganas de llegar a Bonany.
Vistas panorámicas desde el Puig de Bonany
Cuando alcances el Puig de Bonany vas a darte cuenta de que estás en el centro de la isla, por lo que tendrás unas vistas de casi 360° sobre Mallorca.
Echa un ojo al mosaico agrícola del Pla, un entramado de campos de cultivo, olivos y algarrobos salpicado por antiguos molinos de viento, donde destacan con total claridad los tejados rojizos de Petra y las siluetas de pueblos vecinos como Vilafranca y Sant Joan.
Y si alzas la vista hacia el horizonte norte, los días despejados permiten contemplar el destello azul del mar en las bahías de Alcúdia y Pollença, mientras que hacia el este se perfilan las suaves colinas de la Serra de Llevant. Aunque hacia el oeste es donde se despliega un verdadero espectáculo porque tendrás vistas a la Serra de Tramuntana. ¡Todo el interior de Mallorca en una misma imagen!
Tampoco te preocupes si eliges un día nublado para venir: los días en los que predominan las nubes y en los que hay tormenta, se despliega sobre su cielo un paisaje digno de ver.
Qué ver y hacer en los alrededores de la ermita
Si has visitado Bonany, no puedes perderte Petra —si es que no te alojas aquí—. Es uno de los pueblos pequeños y tranquilos que hay que visitar en Mallorca sí o sí. Aquí nació fray Junípero Serra y hay un museo dedicado a repasar su vida y su papel en las misiones californianas, además de su casa natal, que todavía se conserva y es visitable.
¿Algo más que hacer? Acercarte a Manacor, una ciudad repleta de encanto donde además puedes visitar el Museo de Rafa Nadal en Manacor, un espacio dedicado a la carrera del tenista mallorquín con trofeos, recuerdos personales y zonas interactivas pensadas tanto para aficionados al tenis como para quien simplemente quiera conocer un poco más de la historia de Mallorca.
Y si te quedas por la zona, aprovecha para conocer también Vilafranca de Bonany y Sant Joan, los otros dos pueblos que comparten el Puig de Bonany y que forman parte de esa Mallorca interior mucho más tranquila que la costa, con sus bodegas, sus fincas y su gastronomía de toda la vida.
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